
(Fuente: El País, Tarija)
El gobierno de Rodrigo Paz Pereira cumple tres meses de gestión marcado por una acumulación de tensiones políticas, escándalos públicos y un rumbo económico que todavía no logra estabilizarse.
Aunque su victoria electoral fue contundente y sorpresiva, la luna de miel duró poco y hoy su administración enfrenta cuestionamientos desde varios frentes.Una de las primeras crisis se gestó al interior del propio binomio presidencial.
La ruptura con el vicepresidente se profundizó tras la conformación del gabinete y estalló con el conflicto en el Ministerio de Justicia, que terminó prácticamente desmantelado y absorbido por Presidencia, en una señal temprana de improvisación y concentración de poder.
En paralelo, el Ejecutivo intentó avanzar rápidamente sobre los problemas urgentes, en especial el combustible.
Si bien se normalizó el abastecimiento en los surtidores, la decisión de retirar la subvención y hacerlo mediante un decreto ómnibus terminó en retroceso político, tras una semana de protestas que evidenció la falta de respaldo social para una medida de alto costo.
La estrategia comunicacional del gobierno, influida por el asesor Fernando Cerimedo, se ha basado en la confrontación con el pasado y en responsabilizar a la “herencia recibida”. Sin embargo, aliados clave como Samuel Doria Medina comenzaron a marcar distancia y a exigir que el Ejecutivo asuma sus propias responsabilidades.El primer gran golpe llegó con el escándalo de la llamada “gasolina negra”.
Denuncias sobre combustible de mala calidad, daños a vehículos y fallas en los controles obligaron al gobierno a reconocer irregularidades en la cadena de almacenamiento y distribución, dejando en evidencia debilidades estructurales en YPFB y la ANH.Otro episodio que sacudió a la gestión fue el caso de las “32 maletas”, protagonizado por la exdiputada Laura Rojas, quien ingresó al país con pasaporte diplomático vencido, equipaje sin control y vínculos posteriores con armas y drogas.
El manejo errático del caso, los silencios oficiales y los cambios tardíos en entidades aeroportuarias alimentaron las sospechas.
La tercera herida abierta es el asesinato de Mauricio Aramayo, exdirector del Senasag en Tarija y hombre cercano a Paz Pereira.
El propio gobierno vinculó el crimen a la negativa de Aramayo a aceptar una coima, instalando la narrativa de un mensaje directo al Presidente, aunque el autor intelectual sigue prófugo y el caso genera más preguntas que respuestas.
En el plano económico y diplomático, el gobierno apostó por un giro hacia Estados Unidos como ancla de estabilidad.
Sin embargo, la persistente escasez de dólares, el aumento acelerado de la deuda externa y la eliminación de la subvención al combustible trasladaron el peso del ajuste a las familias, sin resultados claros a corto plazo.
A tres meses de asumir, Rodrigo Paz enfrenta un escenario complejo: una estrategia comunicacional desgastada, escándalos que erosionan la autoridad moral del discurso oficial y una economía aún frágil.
La promesa de un “nuevo rumbo” choca con una gestión que, por ahora, parece atrapada entre la herencia del pasado y sus propias decisiones.
